Traiciones
La última palabra no la tiene el Tribunal Supremo, sino el diablo (o la Historia, que es lo mismo).
Com' io divenni allor gelato e fioco,
nol dimandar, lettor, ch'i' non lo scrivo,
però ch'ogne parlar sarebbe poco.
Dante, La Divina Comedia, Canto XXXIV
Las fuentes del ordenamiento jurídico puertorriqueño son la Constitución, la ley, la costumbre y los principios generales del Derecho.
La jurisprudencia complementa el ordenamiento jurídico con la doctrina que establezca el Tribunal Supremo al interpretar y aplicar la Constitución, la ley, la costumbre y los principios generales del Derecho.
Artículo 2. — Fuentes del ordenamiento jurídico, 31 L.P.R.A. §5312
¿La jurisprudencia complementa al ordenamiento jurídico? ¿No es acaso el pronunciamiento judicial, la aplicación normativa, el momento decisivo del ordenamiento?
Como punto de partida, algún diccionario define “complementar” como añadir una cosa a otra, para hacerla más completa, efectiva o perfecta. Aún los complementos, evidentemente, requieren de sus propios accoutrement.
La tradición civilista gusta creerse que el ejercicio jurisprudencial no constituye un esfuerzo normativo como tal, sino meramente un desglose incidental de su significado. La función judicial, pontifica la ortodoxia, es darle curso a la legalidad de conformidad a su sentido y propósito. En esta caricatura, la jurisprudencia es un instrumento de la ley que se limita a aplicarla axiomáticamente.
La realidad, por supuesto, es más compleja y accidentada.
En todo proceso interpretativo el lector invariablemente tiene que pasar, no solamente sobre el texto sino también sobre sí mismo, como bien observaba E. Betti. La verdad no pasa de ser una aspiración. El entre juego del texto y el intérprete supone una aproximación siempre inconclusa al sentido. Toda doctrina se ofrece como un postulado tentativo, sujeto a eventuales revisiones.
La última palabra no la tiene el Tribunal Supremo, sino el diablo (o la Historia, que es lo mismo).
No hay ley, ni costumbre, ni principio general que inocule el sentido del proceso interpretativo. La perenne tensión entre la terquedad de las palabras y nuestro uso y abuso de ellas demarcan la geografía del entendimiento.
Traduttore, traditore, dice el refrán italiano con sobrada razón. Quien interpreta termina por traicionar el sentido original del texto. Esa traición que corre a lo largo y ancho de todo texto es la culpa que carga todo intérprete.


